El primer gran cordobés luterano

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El 31 de octubre de 1517 Martin Lutero publicó sus 95 tesis contra las indulgencias papales en la puerta de la iglesia de Wittenberg. El frenético discurrir de los acontecimientos desde entonces provocó un cisma en la Iglesia católica dando origen a numerosas iglesias y organizaciones agrupadas bajo la denominación de protestantismo.

Por estos motivos, durante este año escucharemos noticias relacionadas con la celebración del V centenario de la Reforma.

Hoy en día, a pesar de que Roma haya acogido muchas de las tesis luteranas, podemos pensar que esta nueva manera de concebir la doctrina eclesiástica queda muy lejos de nuestra realidad, sin embargo, en los años posteriores a la revolución luterana ocurrió todo lo contrario en nuestra comunidad. El protestantismo se instaló con fuerza en la vecina Sevilla, consecuencia del mestizaje que provocaba la actividad comercial del Puerto de Indias. Y como no podía ser de otra manera, el movimiento llegó hasta nuestra ciudad, donde el montillano Juan Pérez de Pineda fue uno de los principales protagonistas.

Su historia es bien curiosa y comienza cuando Perez de Pineda, residiendo en Sevilla, conoce a los principales teólogos protestantes, Juan Gil (Dr. Egidio), Constantino Ponce de la Fuente o a los frailes jerónimos Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera. Como no podía ser de otra manera, la persecución se desata y Juan Pérez escapa, junto con los frailes jerónimos, refugiándose en Ginebra, donde se convertirá en el predicador principal de la congregación de habla española. Y es allí donde compondrá su obra literaria, entre la que destaca la traducción de los Salmos y del Nuevo Testamento al castellano. Además de estas traducciones Pérez de Pineda escribió una Epístola Consolatoria, destinada a fortalecer los ánimos de los protestantes españoles que sufrían los rigores de la Inquisición, y una carta dirigida a Felipe II en la que exhortaba al monarca a poner remedio a los males de la nación. Casi al final de su vida encontramos a Pérez de Pineda siendo el capellán de la duquesa Renata de Ferrara, quien había hecho de sus dominios territorio de acogida para los protestantes perseguidos. Al morir, en Paris en 1567, dejó todos sus bienes para sufragar la impresión de la Biblia al castellano, legado que usará Casiodoro de Reina para editar su traducción. Mientras en Sevilla, los tribunales inquisitorios coléricos por no poder capturarle, decidieron quemar a Juan Pérez de Pineda en efigie, junto a Constantino Ponce y al Dr. Egidio, cuyo cadáver había sido desenterrado para la ocasión.

Esta trayectoria ha sido reconocida en Sevilla y Montilla, donde Juan Perez de Pineda goza de una calle en su honor.

De nuevo queda demostrada la sentencia de Blanco Belmonte, “no hay una gran gesta en el mundo en el no aparezca, de cerca o de lejos, el nombre de un cordobés”.

Rafael Gómez Aguilar

Cordobeses X el Mundo

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