Córdoba en mi memoria de Alfonso Gómez

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Presentación a cargo de Rafael Gómez Aguilar en el Círculo de la Amistad

El novelista, agradecido a una tierra que le brindó tantas oportunidades, presentó ayer, en el Círculo, Córdoba en mi memoria, una obra autobiográfica que comenzó a escribir en 2008, tras su participación en el Certamen del Archivo. El libro resume toda su trayectoria, ya que hace referencia a los recuerdos vividos en la ciudad, «su niñez, su etapa universitaria, su paso por el Córdoba Club de Fútbol y, además, sus grandes pasiones, viajar por destinos exóticos y los toros», confesó el autor. «Tampoco pude olvidarme del pilar más importante de mi existencia, mi familia», destacó. El acto fue presentado por Antonio Varo, presidente del Ateneo, debido al vínculo del novelista con la asociación cultural, según explicó. El escritor, ante las dolencias de su garganta, pasó el testigo a su hijo, Rafael Gómez, que trató los temas más significativos del libro. Fuente: Diario Córdoba

A continuación, recogemos la presentación de Rafael Gómez:

Como acaba de exponer Antonio, las memorias de una persona describen los hechos y acontecimientos que el autor ha vivido como protagonista. Y con ello, además, los lectores podemos extraer una serie de conclusiones sobre su personalidad, sus características con sus virtudes y sus defectos. Tenemos que reconocer que, publicar un libro contando tus intimidades es una decisión arriesgada y valiente, pues de un modo u otro te estas “desnudando” en un sentido figurado. Y sinceramente, pienso que una de cualidades de la obra que hoy presentamos es la transparencia, pues al leerlo, tienes la sensación que Alfonso Gómez ha escrito este libro pensando en todo momento que caería en manos de un completo desconocido, pero al mismo tiempo, sin olvidar que aquellos que le conocemos bien íbamos a auditarlo y por lo tanto, no podría contar nada que no fuera cristalino.

Y en este estriptis, reconozco que haciendo alusión a uno de sus libros anteriores, muestro mis avenencias y mis desavenencias con lo expuesto en el mismo. Pero como hoy es un día de celebraciones, nos centraremos en las avenencias y dejaremos lo demás.

Entre las conformidades, lo primero que podemos ver al coger el libro, es la portada. La portada es obra de un caricaturista sevillano que se llama Ángel Cordero y que hoy tenemos la suerte de disfrutar de su compañía. Y es que si la portada del libro viene ser un reflejo del alma de la obra, en este caso, la portada se merecería directamente el Premio Planeta.

Y si la portada es el reflejo del alma del libro, y esta es una caricatura del autor, el estilo del libro necesariamente debía ser ameno y desenfadado, de hecho, el lector a menudo encontrará trazos humorísticos. Y a pesar de tener un vocabulario amplío, el lenguaje es coloquial -nada vulgar- y ello permite que las vivencias sean descritas e imaginadas en su verdadero ambiente.

Además del Prólogo y el Epílogo, donde el autor desgrana la portada y las razones que le han llevado a escribir este libro, respectivamente, el libro se estructura en 15 capítulos y como es lógico, guarda un orden cronológico. Desde su niñez va desglosando etapas de la vida, su etapa de estudiante, tanto es Sevilla como en Granada y en Madrid (donde permaneció un curso lectivo disfrutando de la vida, mientras sus padres pensaba que opositaba); tras ello aborda su periplo laboral, como funcionario público y abogado; y a continuación trata sus devaneos políticos alrededor de Adolfo Suarez y el CDS. Finalmente hace repaso por sus aficiones (el Córdoba CF, los toreros cordobeses, los viajes y su faceta como escritor).

En mi opinión y a grandes rasgos el libro recoge dos perfiles bien diferenciados del propio autor. Por un lado, apreciamos un lado investigador, culto y académico; y por otro lado, un perfil más jaranero y picante. Estos mismos perfiles son los que hemos venido observando en su obra. Les pongo ejemplos, a esta misma casa ha aportado grandes logros, como es, la organización de actos para la celebración del 150 aniversario o el hecho de que ostente el título Real, otro ejemplo es la biografía de nuestro abuelo Juan Gómez Crespo. Todos ello responde al primer perfil. Por el contrario, cualquiera de Las Córdobas Golfas, es claramente del segundo. Como digo, ambos se mezclan en esta obra, como, al fin y al cabo, se han mezclado en su vida. Ni que decir tiene que en la familia nos decantamos por el primero y entre los amigos seguro que le aplaudís más el segundo.

Decía Juan Jose Primo Jurado en su columna de ABC que Alfonso Gómez es un hombre que sabe de Córdoba y de los cordobeses. Ama a la primera y conoce las virtudes y vicios de los segundos. Tras la publicación de sus cinco obras, yo añadiría que Alfonso Gómez es un “historiador del presente” y uno de los exponentes del Realismo Literario Cordobés de la segunda mitad del siglo XX, pues en sus obras relata lo que ha vivido y visto en primera persona.

Quizás en el libro he echado en falta alguna que otra anécdota más y por ello, he rescatado una serie de recuerdos en los que he caído mientras lo leía.

Así, la primera impresión de esta aventura literaria de nuestro padre comienza reunimos en casa alrededor de la mesa y con el jaleo de los nietos de fondo. Nuestro padre nos anuncia su última ocurrencia: publicar sus memorias.

Automáticamente con la mirada de complicidad entre los hermanos no comunicamos sin necesidad de hablar “Dios mío de mi vida, ahora que viene” es lo que pensamos. La preocupación de mi hermano Juan y la mía se quintuplica, pues además somos conscientes de que en los próximos meses un aluvión de llamadas en torno al funcionamiento de su ordenador, se nos viene encima. Y es que sinceramente, que sea el quinto libro que Alfonso publica es una autentica proeza, pues estamos ante una persona que hace pocos años no sabía ni encender un ordenador.

Es curioso verlo sentado en su modesto despacho de casa (antiguo dormitorio de mi hermanan Carmen y hoy en día, sala multidisciplinar, pues en ella también hoy juegan los nietos cuando visitan la casa de sus abuelos), tecleando con solo sus dedos índices cada letra, de cada palabra, de cada frase. Su trabajo es propio de un artesano medieval con las herramientas del siglo XXI, es llevar el dicho “sin prisa pero sin pausa” a su máxima expresión.

Os voy a contar una anécdota de las limitaciones de mi padre con la informática. Partiendo de la base que ilusión y vitalidad nunca le ha faltado, se apuntó a unas clases de informática para jubilados. Después de las nociones básicas y ya hecho con el teclado, el ratón y otros menesteres llegó el capítulo “crearse una cuenta de correo electrónico”. Paralelamente empiezo a recibir en mi correo electrónico una serie de correos de un tal Luis Martin que solo dice “Hola”, “Prueba”. Por supuesto, yo inmediatamente los borro, pues no conozco ningún Luis Martin y solo pensaba que podía ser un chalao o un virus. Durante esos días, hablando con mi padre, me reprocha que no para de escribirme mails y que no le contesto a ninguno. Yo le replico que no he recibido ningún mail suyo y le insiste. En ese tira y afloja se queda la cosa. Como sigo recibiendo mensajes de este del Sr. Luis Martin, caigo en la cuenta de la estos mensajes con la insistencia de mi padre. Y efectivamente, la explicación es bien sencilla: En el curso le dijeron, ”Ahora vamos a crear una cuenta en yahoo. Para rellenad los datos, por ejemplo nombre: Luis; apellido Martín; aceptar, aceptar y aceptar, ya tenéis cuenta de correo. A mi padre le salía luis martin 1284 @ yahoo. Es. Como veis es de valorar y reconocer que de esta base lleguemos a estas publicaciones.

En lo que a las aficiones se refiere y concretamente en torno al Córdoba CF, las anécdotas se me amontonan, pues lo más normal del mundo durante nuestra adolescencia era que nuestro padre nos metiera en el coche a mi hermano Juan y a mí con destino a la próxima localidad donde el Córdoba jugase como visitante. La estructura de los viaje siempre era similar, el sábado y el domingo por la mañana se dedicaban a hacer turismo por la zona y el domingo por la tarde al estadio de turno a sufrir. Los nuestros solían perder y además como éramos el equipo fuerte de la Segunda División B la hostilidad de público local hacía todo lo cordobés, nosotros incluidos, era patente. El regreso, cansados y cabreados era lo más parecido a un funeral, jurando y perjurando no volver a desplazarnos con el equipo. A las pocas semanas volvíamos a caer en la tentación y otra vez carretera y manta.

El colmo de aquellos berrinches lo recuerdo en el año 2006, el Córdoba después de unos años en segunda división había vuelto a la segunda B, jugábamos en Almansa – dicho equipo ya estaba descendido a tercera- y nosotros nos jugábamos las posibilidades de entrar en los play off de ascenso. Se habían dado las carambolas necesarias y si el Córdoba ganaba, quedamos cuartos. Nos plantamos en Almansa y nos ponemos 0 a 2 con dos goles de un jovencísimo Javi Flores. A cinco minutos del final, ya solo hablábamos de posibles rivales en la liguilla de ascenso. Jarro de agua gélida en estos cincos minutos. Nos empataron y con ello, nuestra ilusión al traste. La posibilidad de permanecer otros quince años en el pozo se nos hacia un tormento. Mi hermano y yo pagamos la ira y la frustración contra nuestro padre, acusándolo de habernos metido el veneno blanquiverde en las venas, cuando nuestros amigos disfrutaban con el Barcelona o el Real Madrid. Al año siguiente y con la ilusión inquebrantable volvimos a renovar el abono y hasta la fecha.

Perseguir a los toreros cordobeses ha sido una constante en su vida. Ya fuese de novillero o de matador de toros, en cuanto uno salía a la palestra y empezaba a moverse por la geografía española, allí que se plantaba. El mejor ejemplo lo representa su relación con Manuel Benitez El Cordobés con quien hizo buenas migas desde se conocieron. Al espectáculo en los ruedos se suman las andanzas fuera de los cosos y que detalla en el libro para todos aquellos que quieren saciar su curiosidad. El Zurito, El Pireo y últimamente Jose Luis Moreno han sido otras de sus preferencias con la muleta. La última gran aventura persiguiendo toreros fue en Pavalas, al sur de Montpellier, donde fuimos para ver a Julio Benitez. El muchacho no tuvo su tarde pero lo mejor del viaje fue que a Alfonso le salió el viaje gratis a un par de plenos acertados en la ruleta. Afortunadamente he tenido la suerte de ser contagiado con esta afición cuyo veneno me tiene absolutamente intoxicado.

Por último y en lo que respecta a los viajes, último capítulo del libro, de nuevo observamos los perfiles a los que anteriormente me refería. Por un lado tenemos las correrías con sus amigos a bordo de un Lotus por Marbella, Mallorca entre otras escapadas; y por otro lado, contemplamos los viajes viaje como catalizador de aprendizaje y conocimiento. Sobre estos último, mis hermanos y yo podríamos estar durante horas contando historias. Tanto es así que Alfonso a excepción de su reciente viaje a Praga y Budapest siempre ha viajado con alguno de nosotros. Los hermanos nos hemos ocupado de toda la organización, de la reserva de todos los servicios y por supuesto de la elaboración del itinerario. Llevar a nuestro padre de viaje, constituye una proeza, pues no es precisamente el más sagaz en un aeropuerto o en una estación de trenes. Tanto es así que, siempre hemos coincidido, que el hecho de viajar con nuestro padre suponía llevar tres bultos. El nuestro, el suyo y a él mismo, que siempre iba “chupando rueda” a pocos metros, mientras cualquiera de nosotros se volvía loco tratando de ubicarnos con el mapa en la mano. La única aportación que Alfonso nos trasladaba era: “¿Por qué no preguntas? Tanto es así que un día en pleno viaje en Polonia, perdido, cansado y desesperado, me suelta su consejo como si fuera el Oráculo de Delfos. Veo a señora elegantísima y en inglés le pregunto si me puede ayudar, y ella correctísimamente me contesta que sólo habla polaco y francés, le agradezco la intención pero dado que conozco ningún de estos idiomas no podía serme de ayuda. Al enterarse mi padre de lo sucedido, y entendiendo que él es poco menos que bilingüe con el francés, se dirige a la señora al grito de ¡¡Mademoiselle¡¡. Lógicamente la señora pensando que de un loco se trataba, aceleró el paso mientras se sujetaba su elegante sombrero.

No puedo terminar sin dejar patente lo especial que es para mí tener la oportunidad de participar en la presentación de un libro que trata sobre las memorias de mi padre. No obstante, apropiarme de todo el protagonismo no me parecía de recibo y por ello, para la conclusión, voy a ejercer de portavoz de los tres hermanos. Ante todo, queremos agradecer a Dios que nuestros padres se fijaran el uno en el otro y que desde ahí construyeran nuestra familia. En todo momento nos hemos sentido queridos y somos conscientes de los esfuerzos que habéis hecho por nosotros. Mamá desde siempre se ha empeñado en que seamos personas integras, honestas y responsables. Y nuestro padre se ha preocupado en todo momento en que sepamos disfrutar la vida, nos ha aconsejado en las carreras profesionales y a cada uno de nosotros no ha sabido trasladar alguna de sus aficiones. Nos sentimos unos auténticos privilegiados y si la vida nos ha puesto obstáculos, juntos hemos sabido esquivarnos o adaptarnos a las circunstancias. Aún nos queda mucho por disfrutar y junto a, Nati, Cesar y Charo, nietos y a la familias Gómez y Aguilar, queremos seguir celebrando la vida.

Con todo ello, queda presentado oficialmente este nuevo libro de Alfonso Gómez, que a buen seguro, no será el último. Y concluyo citando a Andrés Trapiello en el prólogo de “A Sangre y Fuego” del fascinante Manuel Chaves Nogales, “Cada libro lleva dentro de sí la semilla que lo hará germinar y eso será a su tiempo, no antes”.

Muchas gracias.

Rafael Gómez Aguilar

tarjeta presentación Alfonso Gómez

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