Aguilar Priego, in memoriam

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Recientemente hablaba en estas páginas Antonio Gil de la Sociedad del Instante y profundizaba en esta idea porque percibimos con más fuerza «la velocidad del tiempo», porque nos falta, porque nos devora, porque no podemos saborearlo como quisiéramos. Por añadidura, podemos decir que los avances tecnológicos ahondan aún más en esta hipótesis, y es que en nuestra sociedad se han impuesto los mensajes cortos y simplistas, demandamos titulares, imágenes trepidantes, videos de apenas un par de minutos, y por supuesto, mantenemos más relaciones tecnológicas que personales hasta con nuestros propios familiares. Y como colofón a este razonamiento, nos creemos que estos avances nos hacen superiores a nuestros ascendientes que carecían de todo esto. Pero ¿es esto aprovechar mejor el tiempo?

Hoy se cumplen 50 años del fallecimiento de Rafael Aguilar Priego, académico numerario de la Real Academia de Córdoba, y correspondiente a la Real Academia de la Historia, maestro de profesión y autor de numerosos ensayos siempre relacionados con Córdoba. Aguilar Priego trabajaba con una herramienta inexistente hoy día, la paciencia sin límites. Y es cada rato libre que disponía, incluidas sus vacaciones, acudía al Archivo Histórico de Protocolos donde le dedicaba largas horas a la búsqueda de datos sobre hechos relevantes de nuestra ciudad y sus protagonistas. Los clasificaba y a mano recogía diariamente el fruto de sus hallazgos en unas fichas para que el día de mañana, como él mismo decía, hacer un corpus de documentación histórica referente a Córdoba. Como Aguilar Priego podemos citar una larga lista de historiadores coetáneos, De la Torre y Cerro, Valverde Madrid, Gómez Crespo, Castejón y Martínez de Arizala y Ortiz Juárez, entre otros. El resultado de sus investigaciones es patente, ya que la práctica totalidad de lo que hoy se publica se basa en las investigaciones que estos próceres realizaron. Y es que no es difícil imaginar su constancia diaria, su ilusión apasionada, y como no, podemos intuir la sensación de satisfacción y felicidad que sus trabajos le reportaban.

Tras ello, debemos reformular la pregunta: ¿Quién aprovecha mejor el tiempo?

Rafael Gómez Aguilar

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Aguilar Priego, in memoriam