Foro Opinión CXM: La resistencia taurina en Cartagena de Indias

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La fantástica excusa de celebrar el octavo año de casados, nos animó a la familia a pasar unos días en Colombia. Así que desde Puerto Rico, nuestro actual lugar de residencia, planificamos el viaje.

El destino Colombia cumplía a la perfección todas nuestras demandas. Un país que desconocíamos y al que teníamos mucho interés en visitar; vuelo directo, lo cual no es algo baladí viajando con un niño de tres años; y haciendo encaje de bolillos, la feria taurina de Bogotá nos permitía asistir a una corrida de toros en su pequeña pero importante feria de febrero.

Por todo ello, el viaje tenía una fácil composición. Unos días en Cartagena de Indias, un día en Bogotá para asistir al festejo, dormir y regresar a San Juan.

No vamos a descubrir nada nuevo hablando de las bondades de Cartagena. El lector puede imaginarse una ciudad histórica preciosa, bien cuidada, y con un asombroso pasado español, pero quizás no sea tan imaginable su estrecha relación con la tauromaquia. Para mí, he de reconocer, supuso una gratísima sorpresa lo que a continuación contaré.

Ya iba concienciado de conocer la antigua plaza de toros La Serrezuela, cuya inauguración data del año 1930, y que hoy está siendo convertida en un centro comercial. Tras contemplarla desde fuera –pues aún no han terminado las obras de remodelación- confieso que prefiero ver fotografías antiguas y leer relatos de quien actuó en sus arenas, antes que contemplar su estado actual, desposeído del romanticismo de antaño.

No obstante lo que cautivó –y motivo de este escrito- fue una pequeña tasca localizada en Las Bóvedas, pleno centro colonial de la ciudad.

Esta tasca es un auténtico museo taurino. Una joya para todos los que apreciamos este majestuoso arte.

Entre carteles, cuadros, fotos, esculturas, placas, cuadros, y multitud de recuerdos –hasta un par de cabezas de toro y un traje de luces- llegué babeando como un crío al mostrador de la reseñada tasca. Un bombardeo de preguntas recayó sobre el pobre camarero, las cuales fue aclarando una a una con estoica paciencia. Pero el dato más importante estaba por llegar. El amable mesero me informó que esta tasca era la sede de la Peña Taurina de Cartagena de Indias, que la peña sigue activa y que todos los viernes por la noche se reúnen sus socios. Por carambolas de la vida ese día era viernes, por lo que esa misma noche habría cenáculo.

No podía dejar pasar la oportunidad, por lo que a las pocas horas estaba de regreso en la tasca, donde rápidamente advertí un grupo de señores ataviados con elegantes guayaberas alrededor de una mesa. Sin duda, estos eran los bravísimos representantes de la tauromaquia cartagenera.

Tras presentarme y mostrar mi asombro y admiración por la preciosa sede de su peña, mostraron interés por mi persona y el motivo del viaje a Colombia. Imagínese el estupor que causó que un español residente en Puerto Rico se hubiera desplazado a Colombia para asistir a una corrida de toros en Bogotá.

De inmediato, comenzamos una fluida y amena conversación sobre los toros. Me pusieron al día de la situación en la que se encontraba la fiesta en Colombia y al rato profundizamos en los avatares de la pasión que compartimos. Rápidamente llegamos al sempiterno debate de toristas contra toreristas, estando el grupo dividido al 50%.

Toda la conversación fue de lo más interesante y con sorpresa comprobé como seguían la actualidad taurina. Me hablaron de los toreros más emergentes con todo tipo de detalles o pormenorizaron el estado actual de la cabaña brava encaste por encaste y ganadería por ganadería. Sin duda alguna, uno maestros con la toda la extensión que la palabra abarca.

Es fácil figurarse  lo que pude disfrutar ese rato.

Es por ello, que desde aquí les reitero mi agradecimiento y animo a todo aquel que se desplace a Cartagena que les visite y se maravillen de esta rincón taurino.

Rafael Gómez Aguilar

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